Mostrando entradas con la etiqueta LIBERTAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LIBERTAD. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de enero de 2010

VIVO EN UNA CASA DE REGISTRO


En memoria de LUCRECIA PÉREZ, emigrante asesinada el 13 de Noviembre de 1992, por "puras sangres" que salieron a la caza del extranjero.


Resido en zona franca y como cristiano viejo puedo demostrar que mis 12 apellidos que atestiguan mi pureza de sangre. Entiendo perfectamente a ediles como los de Vic y comprendo sus temores; al igual que entiendo la expulsión de los judíos y moriscos por parte de los Reyes Católicos.

Soy capaz de racionalizar todo ello y a pesar de todo, he hecho de mi hogar una casa patera. En ella estamos inscritos más de los que vivimos. El último se llama Diagne y es un sonriente negro de la etnia wolof. En el Registro de mi población ya están acostumbrados a mi y a gente como yo. Saben que lo hago porque no me puedo engañar. Conozco el norte de África y he presenciado su salida en cayuco desde Senegal con lo puesto y una mano en el corazón. No me puedo mentir porque estoy seguro que en algún momento de la historia mi sangre se mezcló, no puede ser de otra forma, con la de algún moro, judío, celta o íbero.

Tengo pureza de sangre, pero soy descendiente de algo tan secular como la migración, y porque sabiendo que ha sido por hambre y necesidad, prefiero hacer un hueco en la mesa al que viene, respetando el derecho a viajar que le asiste para buscarse la vida en una tierra que es de todos.

Cuando les miro a los ojos me veo a mi y me preguntó si no podía ser yo. Presiento que un virus de intolerancia se ha instalado en nuestra sociedad, cada vez más cerca de la suya -los medios de comunicación todo lo acercan-, pero a la vez más lejana acentuada por unas diferencias abismales. No podré alegar nunca, como hicieron los nazis en Nuremberg, que no lo sabía. Les he conocido desnutridos, viviendo en chabolas inmundas, y mirando al Norte como su única esperanza. Fui viajero opulento entre ellos y desde entonces no me puedo engañar.

Me duele que quienes somos hijos de la emigración de los años 60, no sepamos reconocer en sus miradas el oprobio que sintieron nuestros padres. Les siento pasar a mi lado y se que tienen nombres, a pesar de que les innominemos bajo tópicos y esteriotipos, que me recuerdan que no son fantasmas cuando pasan junto a mi. Entiendo a quienes dicen que les quitan el trabajo, pero no puedo olvidar que éste es un derecho universal y que en un país, en el que nos dejamos hasta las cejas jugando a la lotería, hay algunos a los que ya nos tocó el gordo al nacer.

sábado, 5 de septiembre de 2009

- DEMOCRACIA LA DICTADURA MODERNA

Uno se pregunta muchas veces si la democracia tal y como se lleva a término no es el uso moderno de la dictadura. En nombre de la libertad se establecen leyes, normas y consignas que perpetúan un pensamiento único. El sistema admite pocas críticas porque es consustancial a él ser lo mejor. La razón se legisla y los elegidos pueden llegar ser déspotas por el tiempo que ostenten el poder.

Cuando se vota a un político éste no representa a los elegidos, sino a intereses de terceros y a organizaciones que responden a usos particulares de la política. Habrá escaramuzas entre los partidos pero ninguno de ellos pondrá en entre dicho el sistema, lo revisará o lo pondrá en duda. En él las verdades son eternas en aras de lo menos malo.

Los mismos elegidos son los guardianes. La democracia para el individuo se resume en ir a votar después de campañas mediáticas en las que se resalta su importancia. Su participación se limita a eso y durante el tiempo restante no será nada ni nadie. Perderá la capacidad de opinar e influir. Cederán sus derechos a otros que los usarán a su antojo. La banca gestinará los rendimientos de su trabajo y los políticos sus intereses personales.

Su vida estará en manos de terceros que se la gestionará en un universo de mitos y creencias. Dirán que trabajarán por él pero sin sus ideas, sus pasiones e intereses. Los elegidos reducirán a los electos a lo mínimo, para que quienes se valen de ella
ejerzan su dictadura con un alo de libertad.

Urge someter el sistema democrático de occidente a revisión, preguntarse cómo lo queremos y qué papel tenemos que desempeñar todos. Y sobre todo urge poner al individuo en el centro del sistema, como protagonista que es preguntado asiduamente por cómo quiere su diálogo con la sociedad en la que vive.