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lunes, 28 de diciembre de 2009

CON FALDAS Y A LO LOCO


Habló Rouco sobre la familia. Pontificó sobre ella quien sólo la conoce de oídas y del confesionario; parcialmente claro, aunque la curia romana sólo conozca la experiencia mística de su matrimonio con Dios. Reclaman la familia de toda la vida. Me imagino que será la presidida por un patriarca donde la mujer y los vástagos están a las órdenes de éste. La otra, la democrática, en la que mujer y hombre son corresponsables de las tareas domésticas y decisiones, no creo que entre en su planteamiento. De ser así, uno se pregunta qué es lo que impide que en el seno de la Iglesia haya clero femenino.

Rouco considera a los homosexuales como seres a los que hay que ayudar, pero lo cierto es que en los tiempos que corren los únicos que llevan faldas son los curas y miembros del clero. Quienes tienen el voto de castidad y se supone que no han yacido con mujer, se sienten los más indicados para dar sermones de índole moral. No será por su experiencia.

La Iglesia se dice de sí misma que no es democrática, pero se vale de ella. No parece que sea justa la correspondencia, sobre todo cuando deben ser los poderes del Estado quienes legislen. En materia de fe, de su fe, los que no somos afines a su religión poco o nada debemos criticar, pero La Conferencia Episcopal debiera hacer uso del mismo respeto hacia las decisiones legislativas.

Quienes hacen ejercicio de transformismo con el uso de sotanas, no son democráticos en sus estructuras, no forman familias en el sentido que predican y quienes relegan a la mujer a tareas subsidiarias dentro de su entorno eclesiástico, no sé si ostentan alguna legitimidad para criticar.

domingo, 5 de julio de 2009

- NO QUIERO SER JOVEN


Comienzo a estar hasta los higadillos de que me quieran tunear de joven. Hay quien no entiende que no lo quiero ser por que es imposible. Asumo mi deterioro físico y lo considero como el peaje que hay que pagar por vivir.

Es frecuente oír que con 34 años se es joven o que con 70 la juventud se lleva dentro. Parece que no serlo es una carestía. Pues bien, yo me siento adulto desde los 23 años, en los que me casé y firmé mi hipoteca. Tomé decisiones responsables y maduras para tener a mi hija y he regido mis actos desde una posición de cordura.

He procurado saber dar razón de lo que he hecho y siempre procuré tener un proyecto de vida. Me he curtido en la batalla y he sido soldado de tropa. Los galones me los gané noblemente luchando como todo hijo de vecino.

No tengo edad para ser joven, ni gracia que me hace serlo. A muchos de ellos, a pesar de ser ya talluditos, les veo con comportamientos adolescentes y me pregunto por qué no se hacen dueños de su vida y actúan en consecuencia.

La juventud es un periodo transitorio de los que algunos no se quieren apear jamás. La vida es un reto que hay que afrontar cada día y para ello hacen falta decisiones comprometidas y autónomas, que han de ser afrontadas por uno mismo. La soledad es el gran compañero del adulto y al mismo tiempo su mayor desafío. Saber estar sólo y actuar en consecuencia comporta una madurez que se gana con el tiempo, tras muchos fracasos y noches de insomnio.

En fin, que son los jóvenes los que se tienen que dar prisa en ser adultos. Les va la vida y no merece que la malgasten en fuegos de artificio porque la batalla es con fuego real y deja heridas.