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viernes, 26 de febrero de 2010

COCINAR CON FLORES





LA VENGANZA ES SOLAMENTE EL PLACER DE LAS ALMAS PEQUEÑAS de Juvenal
El Sol saldrá a las 6,09 h. y se pondrá a las 18,15 h.

No es algo novedoso ni constituye una locura el cocinar con flores. Su aroma y color inspiran nuevos platos, a los que aportan unas texturas y tonos de color diferentes. Desde siempre, las cocineras han sentido una atracción por las flores y las han hecho partícipes de los grandes platos. Ahora bien, antes es preciso conocerlas adecuadamente, porque no todas son comestibles y aún siéndolo, exigen ser recolectadas en el momento oportuno.

Cocinar con ellas es una costumbre milenaria para algunas culturas. Así, los antiguos chinos ya emplearon la azucena y la flor de loto, mientras que los romanos fueron amantes de las rosas y los árabes de los claveles. La cocina mejicana nos ofrece la flor de la calabaza rehogada y la hispana la tradicional alcachofa o la caléndula en las ensaladas.

Su belleza coquetea con nuestra mirada si unos pétalos de rosa los calentamos en la sartén y sobre ellos vertemos azúcar (rosas escarchadas). Los pétalos de la magnolia y la flor del jazmín dan un toque especial a los platos de ave y de pescado. Al propio tiempo que la menta, el tomillo o el cebollino maridan como complemento de cualquier segundo plato, mientras que la flor de lavanda puede acompañar al guiso de conejo, de pollo o a un buen arroz.

Siempre fueron complemento adecuado para realizar licores con cierta chispa o postres dulzones que alegraran la vida. Al recolectarlas es importante detectar la presencia de plaguicidas y no guardarlas demasiado tiempo (en frigorífico aguantan bien una semana). Deberemos ser cuidadosos al lavarlas y desechar, en la mayoría de los casos, los estambres, los pistilos y la base blanca de los pétalos por ser excesivamente amargos. Cocinar con ellas constituye un regalo para la vista y un toque de originalidad para el paladar.

domingo, 31 de enero de 2010

TONTERÍAS ABSURDAS


LA FELICIDAD NO ES EL OBJETIVO DE NUESTRA VIDA, SINO LA CONSECUENCIA DE CÓMO VIVIMOS de D. Lostado

Andaba preocupado por no encontrar tiempo para acudir al Bulli y resulta que, quien dicen que es el mejor cocinero del mundo, se va a tomar su tiempecito -dos años- para pensar e investigar, en un intento de reinventar la cocina. Uno se pregunta qué nuevas sorpresas nos deparará este personaje tan mediático. Quienes han estado allí salen encantados, pero uno siempre tiene la duda de si no será el cuento del rey que se paseaba desnudo y todos decían ver lo que en realidad no veían.

Siento tener que esperar dos años para sentir qué contienen unos platos de los que se desconocen los ingredientes, al mismo tiempo que miras al cielo a ver si cae algo más que colme el apetito, acompañado de un alarde de magia en el que te aligeran el gusto y el bolsillo. Vamos, que la noticia ha caído como una desgracia entre los 8.000 comensales que, dicen las crónicas, se pasan por el restaurante.

No me extraña que el país entero esté preocupado ante tan enorme desgracia. Y uno, que en ocasiones es mal pensado, se teme que tanto ascetismo y vuelta a los clásicos nos traiga huevos fritos y chorizos de cerdo con pan negro para untar. Quienes allí acuden son libres de hacer con su cartera lo que les plazca y el cocinero catalán de salsear con su restaurante como Dios le de a entender. Lo que no comprendo es por qué tanto despliegue editorial por imbecilidad tan grande.

Ni Ferran Adriá es Obama, ni lo que haga después de dos años de duro cavilar nos va a cambiar la vida en nada. Asombra tanta cursilería y preocupación sin sentido, y si el famoso cocinero quiere reinventar los condumios, pues que lo haga, pero sin tanta tontería, que la riqueza gastronómica de estos lares siempre se hizo con escasez de recursos y apreturas en el bolsillo. Por lo tanto, si nuestras estrellas Michelín quieren darle a la física y a la química, perfecto; pero con humildad, que en las casas se come todos los días y nadie lo deja sin hacer por investigar.

sábado, 19 de diciembre de 2009

TORTILLA DE PATATA


PARA MIS AMIGOS DE INTERNET, CON LOS QUE ME APETECE TOMAR UN PINTXO DE TORTILLA Y UN BUEN VINO DE SU REGIÓN
Ignoro si fue en un alarde de temeridad, genialidad o simplemente de necesidad, como la cocinera del General Zumalacárregui inventó la tortilla de patata. Plato humilde y sencillo, pronto superó su lugar de nacimiento para pasar a ser la tortilla española por excelencia. En contraposición a su hermana la francesa, los habitantes de este solar ibérico vimos en ella la forma de superar a nuestros vecinos en el arte del buen condumio.

Sencilla de hacer, admite peculiaridades en función del lugar en que se ejecute. Hay quienes resaltan el sabor de la patata dejándola durita; otros, otorgan preponderancia a los huevos y la prefieren jugosa; y hay quien entiende que la cebolla y el pimiento verde son elementos básicos junto con el aceite y la sal. Cada cocinillas tiene su forma de elaborarla. Unos prefieren cortar la patata en dados y dejar que se frían. En el norte es habitual que se corte en lascas finas que son machacadas a medida que se fríen, dejando una especie de pasta.

Su eleboración requiere de técnica, y es muy común que muchas familias dispongan de una sartén exclusiva para su utilización. Es un plato que apetece en cualquier momento del día, siendo irresistible recién hecha, cuando se muestra calentita y con olores de reina de la cocina.

Ascendida a los altares, cada región la ha modelado y enriquecido, añadiéndole más materias. Los cocineros la han encumbrado con nuevas formas de hacer en un alarde de imaginación. Zumalacárregui pasaría a la historia como un magnífico general capaz de aglutinar un buen ejército, pero su cocinera perdura en todos los hogares de este país, que en eso del buen llantar no entiende de políticas y sí de pasiones.