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viernes, 26 de febrero de 2010

COCINAR CON FLORES





LA VENGANZA ES SOLAMENTE EL PLACER DE LAS ALMAS PEQUEÑAS de Juvenal
El Sol saldrá a las 6,09 h. y se pondrá a las 18,15 h.

No es algo novedoso ni constituye una locura el cocinar con flores. Su aroma y color inspiran nuevos platos, a los que aportan unas texturas y tonos de color diferentes. Desde siempre, las cocineras han sentido una atracción por las flores y las han hecho partícipes de los grandes platos. Ahora bien, antes es preciso conocerlas adecuadamente, porque no todas son comestibles y aún siéndolo, exigen ser recolectadas en el momento oportuno.

Cocinar con ellas es una costumbre milenaria para algunas culturas. Así, los antiguos chinos ya emplearon la azucena y la flor de loto, mientras que los romanos fueron amantes de las rosas y los árabes de los claveles. La cocina mejicana nos ofrece la flor de la calabaza rehogada y la hispana la tradicional alcachofa o la caléndula en las ensaladas.

Su belleza coquetea con nuestra mirada si unos pétalos de rosa los calentamos en la sartén y sobre ellos vertemos azúcar (rosas escarchadas). Los pétalos de la magnolia y la flor del jazmín dan un toque especial a los platos de ave y de pescado. Al propio tiempo que la menta, el tomillo o el cebollino maridan como complemento de cualquier segundo plato, mientras que la flor de lavanda puede acompañar al guiso de conejo, de pollo o a un buen arroz.

Siempre fueron complemento adecuado para realizar licores con cierta chispa o postres dulzones que alegraran la vida. Al recolectarlas es importante detectar la presencia de plaguicidas y no guardarlas demasiado tiempo (en frigorífico aguantan bien una semana). Deberemos ser cuidadosos al lavarlas y desechar, en la mayoría de los casos, los estambres, los pistilos y la base blanca de los pétalos por ser excesivamente amargos. Cocinar con ellas constituye un regalo para la vista y un toque de originalidad para el paladar.

sábado, 23 de enero de 2010

HAITÍ vs ÁFRICA



CADA PERSONA ES DUEÑA DE SU SILENCIO Y ESCLAVA DE SUS PALABRAS

Haití ha hecho saltar las alarmas. Los países occidentales han reaccionado tarde, descoordinados y con más voluntad que eficacia. Todos estamos asistiendo al espectáculo dantesco que han dejado los temblores de la tierra. Nos alarmamos ante las deplorables condiciones materiales sobre las que los médicos están atendiendo a las víctimas, y en un abrazo colectivo, se nos encoge el alma y pensamos que eso no se puede volver a repetir.


Por otro lado, África está gritando y no la escuchamos. El seísmo de Haití lo lleva padeciendo una eternidad un continente entero. Parturientas que dan a luz solas en el bosque, hospitales inmundos donde, a falta de sanitarios, se practica la medicina popular ejercida por brujos y personas de buena fe. Comunicaciones que desaparecen en la época de lluvias y ayuda humanitaria que nunca llega a personas, mal vestidas y peor alimentadas, en el mejor de los casos con un plato de arroz.


El continente se desangra en un tsunami de sida, malaria, fiebre amarilla y una falta alarmante de dispensarios médicos. No cabe poner nombres o señalar con el dedo; es África entera la que grita que ella es Haití. Habitamos un mundo de dos velocidades en el que nuestras conciencias reaccionan ante las imágenes televisivas de la devastación.



Esta Europa opulenta, que se queja de unas miserias que son riquezas en otros lugares, no quiere ver a niños desnutridos ni le interesa la población que vive en guerras enquistadas. Da la espalda a genocidios, con los que se escandalizará luego, cuando los vea en el cine y mientras, permanece impasible ante las hambrunas que asolan a un continente entero, falto de los recursos mínimos de escolarización, vestido y alimentación.

Haití es el país más africano de América. Lleva la piel del azabache y muere, en este caso, porque la naturaleza lo mata; pero antes, ya padecía en su sangre ante el olvido de todos, en un acto de confraternización, la negrura del continente hermano.

miércoles, 6 de enero de 2010

MONSANTO, EMPRESA DEL AÑO SEGÚN FORBES


La revista estadounidense "Forbes", especializada en el mundo de los negocios y de las empresas, ha designado a Monsanto como "empresa del año". Para ello argumenta los 44 billones de dólares que tiene de valor la empresa dedicada a la producción de semillas y los 7,3 billones de dólares en ventas realizadas durante el año 2009. Forbes se define como "la herramienta del Capitalista" y desde su óptica no es de extrañar que sólo valore los objetivos económicos.

Monsanto controla gran parte del mercado de semillas agrícolas y retira del mercado aquellas que no le reportan intereses. Gran parte de sus productos están manipulados genéticamante en los laboratorios y prácticamente monopoliza el mercado de transgénicos. Las organizaciones ecologistas son muy críticas con sus métodos; fundamentalmente desde que en el periodo 1961-1972 suministró 76 millones de litros de herbicidas con los que se empapó Vietnam o por los 44 millones de litros de "agente naranja" con que se defolió su selva. Como consecuencia se estima en 500.000 los niños nacidos con malformaciones relacionadas con las dioxinas.

Se estima que controla el 90 % (datos de Greenpeace) del mercado mundial de semillas.
En la práctica los agricultores dependen de sus productos, sobre los cuales poco pueden hacer para controlar los precios. Concretamente los productores estadounidenses pagarán en el 2010 la soja transgénica RR2 un 42% más por la bolsa de semillas. Entre 1975 y el año 2000 la soja no transgénica subió un 63%, pasando en los nueve años siguientes a costar la trasgénica, que es la que ya domina el mercado, un 230% más caro.

Para "Forbes" será la empresa del año, pero debiera plantearse a costa de qué lo es y sobre todo si Monsanto realmente participa del libre mercado al que tanto aplaude la editorial de la revista. Por otra parte, al igual que con la lista de las personas más ricas que también publica, debiera tener en cuenta el cómo se llega a ese puesto, no vaya a ser que haya que recordarle aquello que decía San Juan Crisóstomo de que "todo rico es un ladrón o hijo de un ladrón".

domingo, 27 de septiembre de 2009

- ¿GURUGÚ VS AFGANISTAN?


El 29 de setiembre se cumplen 100 años de la toma del Monte Gurugú. Costó borrar la derrota que dos meses antes las tropas españolas habían tenido en el Barranco del Lóbo donde perecieron 150 soldados.
El pueblo acogió la noticia como el triunfo de la cristiandad contra las hordas riffeñas que ponían en entredicho el poderío militar español. Se pensó que era la antesala de una anhelada paz. El brillante hecho de armas afectaba al honor nacional. Se creía que la "misión civilizadora de España en Marruecos" era grande e importante.
El Rey Alfonso XIII, recibió felicitaciones de Diputaciones y Cabildos, al tiempo que se le animaba a poner a trabajar en asuntos productivos a los riffeños.
Tres días después la exaltación patriótica se vio afectada por la pírrica victoria ante los cabileños en el monte Uiksan. Las bajas fueron numerosas y la realidad dejaba un mensaje de que la guerra sería larga y sangrienta.
Lo cierto es que era un ejército abandonado a su suerte por un Gobierno que naufragaba y que no pudo sacar ningún rédito de una absurda guerra.
Fueron campañas polvorientas donde la tropa, mal equipada, pasaba sed y estaba mal alimentada. Los convoyes de avituallamiento eran asaltados y las tropas tiroteadas
en las cañadas del Gurugú.
Se hace necesario recordar lo que ocurrió hace 100 años, porque algo parecido podría ocurrir en Afganistán. Tan incompresible es lo uno como lo otro. La ministra nos habla de tropas ilusionadas en labores humanitarias; cuando la realidad es que la censura, de facto, sobre lo que allí ocurre es alarmante. La información es escasa y siempre suministrada por fuentes autorizadas. Es unidireccional y proveniente de periodistas que normalmente no están allí desplazados de forma estable.
De lo que en esos lares pasa, sabemos poco; entre otras cosas, porque en este país se puede criticar y poner en tela de juicio todo, menos al ejército y a su jefe el Rey de España -que no sé si de todos los españoles- Juan Carlos I.
En Gurugú como ahora en Afganistan la Corona española ejercía un protectorado sobre la región, la censura informativa en el campo militar era evidente, se trataba de trasmitir modernidad y valores occidentales, las tropas eran objeto de acoso por la resistencia, la lucha fue larga y sangrienta y el repliegue militar vergonzoso.
En fin, que uno se pregunta: ¿qué hacemos realmente allí?