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martes, 5 de enero de 2010

TORRE DUBAI


En el secarral de Dubai se ha construido la mole más alta del mundo, para desafío de la ciencia e idiotez de su jeque. Algunas televisones retransmitieron en directo el evento y los medios de comunicación hoy reproducen al unísono los datos del edifio. Que si mide 828 metros, que si participaron 12.000 trabajadores....; en fin, los mismos datos en todas partes para alegría del periodismo de investigación.

Hay quien dice que su inauguración será como el espíritu divino e insuflará optimismo a la mermada economía del emirato, cuyo consorcio público -Dubai World- arrastra unas deudas de 26.000 millones de dólares. Pero no importa, para sus impulsores es la joya residencial del Golfo Pérsico y símbolo del milagro económico del país.

Lo que las crónicas no cuentan es que los parias que trabajaron en su realización cobraron entre 30 y 60 dólares al mes. Ocultan que en Dubai se les esconde en barrios marginales para que no empañen la buena imagen del emirato y no se dice que para no perder tiempo, muchos de ellos durmieron en la misma torre. No se sabe el número de accidentes laborales que hubo en los 6 años que duraron las obras, ni se recordará a esos paquistaníes, indios o habitantes de Bangladés que se dejaron la vida en este proyecto faraónico.

Uno se pregunta -perdón por la expresión, pero me sale del alma- qué cojones pinta semejante monumento a la estupidez en un emirato plano, donde sobra espacio por todas partes. El consumo energético de semejante mastodonte es tan grande como escaso el respeto a los Derechos Humanos por parte de sus jeques. Y como la insensatez les parece poca, ya tienen en construcción otra torre que supere a ésta en altura. La pregunta es qué pasará en Dubai el día en que se estropee el aire acondicionado. Que nos les pase nada, porque si hay algo seguro es que tarde o temprano se averiará.

lunes, 30 de noviembre de 2009

- DUBAUI: HERMANOS DE SANGRE



Ya podemos decir que tenemos un hermano en los Emiratos Árabes. Nuestra tradicional amistad hacia ellos nos ha acercado, hasta el punto, que la burbuja inmobiliaria de Dubai se parece como dos gotas de agua (perdón de arena)a la nuestra.

Clases medias y aspirantes a nuevos ricos que se hipotecaron hasta las cejas hayá donde sólo había especulación y promesas. En arenales se comenzaron a construir edificios de lujo, que luego no lo eran tanto, por mano de obra barata venida de la miseria y que por un poco menos se dejaron la vida. Ejércitos de trabajadores mal viviendo y ocultos en la trastienda, mientras a los incautos se les aplicaba el timo del tocomocho.

Ilusiones vendidas a fuerza de cuidado márketing, donde los abispados se lucraron cobrando adelantos y comisiones a cambio de promesas. Listillos que de la nada se hicieron promotores o constructores y que sin ningún tipo de solvencia se creyeron el cuento de la lechera.

Cuando alguien pinchó la burbuja, dubaitíes y españoles nos hicimos hermanos de sangre, que para eso todos hemos tenido un abuelo moro. Los incautos que miraban la luna, se despertaron con que en el secarral no había agua. Y ahora las deudas afloran y hay que pagarlas. Nos encontramos con que ni Dubai o Marbella son el paraíso. Otros listillos dicen que se veía venir porque el personal se estaba metiendo en ofertas que no tenían demanda.

Se creyeron reyezuelos porque disponían de petróleo caro con un dolar fuerte. Lo mismito que nosotros con los tipos de interés y el pleno empleo. Entonces, ambos nos acordamos de nuestro primo de Zumosol. Ellos llamaron a Abu Dhavi y nosotros a Británicos y Alemanes. Les recordamos que teníamos un solar, con el agua cortada, pero con crema bronceadora y unos servicios que te cagas.

Si nos viera aquel abuelo moro que ambos tuvimos, se preguntaría qué coño hemos aprendido de la historia. Seguramente nos diría que para hacer este camino no hacían falta estas alforjas, y nos interrogaría en qué momento nos volvimos gilipollas.