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jueves, 7 de enero de 2010

JÓVENES SORPRENDENTES


Este verano escribí sobre Martina; esa chica de 16 años que se había ido con un vuelo de bajo coste a estudiar en verano a Irlanda. Contaba cómo se fue sóla y cómo se las apañó para alojarse y viajar un poco por el país. Me pareció sorprendente y creí que bien merecía un comentario.

Martina -con este nombre quiero representar a tantos jóvenes que me causan admiración- solicitó el año pasado una beca para estudiar inglés durante el verano. Su solicitud fue rechazada por tener una nota media insuficiente de 9,14. En el baremo tenían preferencia los becarios con notas superiores a 6 y el resto tendría que esperar a las plazas vacantes comenzando por la nota más alta.

El que no la aprobaran la beca le supuso darse cuenta de muchas cosas y poner en entre dicho otras. A su disgusto inicial le siguió el reto de volverlo a intentar y conseguirlo con una nota más alta. Prestó atención en clase y buscó ayuda cuando fue necesario. No desatendió sus quehaceres y se mostró responsable con su empresa.

Hoy Martina ha tenido su recompensa. Tiene pasaje para Canadá. Su nota media en 1º de Bachiller es de 10 en todas las asignaturas. Viajará con el esfuerzo de su trabajo; no cómo una recompensa, sino como un pago justo a tantas horas de sueño perdidas y tantos momentos de zozobra.

Me gusta y disfruto escribiendo casos como los de Martina. Jóvenes que con 18 años serán adultos porque se enfrentan a la vida mirándola a la cara y sabiendo lo que esperan de ella. Les admiro porque saben hacer de su soledad y empresas un reto particular. Y me descubro ante ellos, porque quiero pensar que son muchos los que en el anonimato y con la prudencia necesaria son capaces de sorprendernos a quienes nos ponemos como ejemplo.

Un abrazo muy fuerte a todos ellos y con un deseo enorme de que la suerte les sonría.

jueves, 23 de julio de 2009

- MARTINA


Martina con 16 años decidió irse durante el verano a estudiar Inglés a Irlanda. Pudo hacerlo con una agencia e ir acompañada con un monitor. Optó por ir sola en un vuelo barato de Ryanair y presentarse por su cuenta en la casa de la familia que la acogía. Allí coincidió con una belga y una sueca, preocupadas en salir por la noche y vivir la vida a su aire.
Martina pidió que se la subiera el nivel de las clases. Aprovechó para visitar los alrededores y realizó un viaje a Belfast. Sola visitó museos y catedrales y pidió a su familia que le enviaran por correo electrónico información de interés.
Llegar a la academia le suponía una hora de viaje y varios transbordos. Encontró buenas compañías, casi siempre 3 ó 4 años mayores que ella, con las cuales compartió clases y algún rato en la comida.
Hoy Martina ha llamado. Se siente sola. Necesita una voz amiga. Su madre ha corrido al Ciber para acompañarla y ser su consuelo. Desde la lejanía la ha puesto una mano sobre el hombro y la ha dicho: ¡vamos!,te acompaño. Se está haciendo mayor y lo tendrá que afrontar como un aliado en su madurez, porque al fin y al cabo, ser adulto es saber estar sólo y tomar decisiones con responsabilidad.
En unos momentos en que los comportamientos adolescentes se prolongan hasta más allá de los 20 años y en que se llama joven a una pareja que contrae matrimonio con 34 años, Martina y tantos jóvenes de su edad, demuestran que existe una juventud madura y responsable digna de ocupar un puesto, que se merecen, en la opinión publica.
Mis respetos a tantos jóvenes que desde su discreción y anonimato nos hacen sentir orgullosos a quienes confiamos en ellos.
A ellos, que cogieron su vuelo barato en un viaje a lo desconocido, un profundo abrazo y que tengan suerte en la vida porque el trabajo ya se lo curran cada día.